Estado del bienestar

Dic 6, 2015 by

Estado del bienestar

El mandato principal de los partidos políticos, el único por el que van a ser juzgados ante la opinión pública, es la preservación del estado del bienestar. La fuerte semejanza entre los partidos es el peso que el estado del bienestar tiene en las sociedades avanzadas democráticas. Y la gran paradoja es que el Estado es una institución amoral, véase lo que le importa el aborto, y, sin embargo, promueve los servicios sociales que componen el moderno estado del bienestar; educación y sanidad.

Precisamente, el cristianismo y el humanismo, ya desaparecidos en Europa occidental, a excepción de las minorías en cada país, han encontrado un postrero refugio en el estado del bienestar. La religión es un poder del Estado y tenemos la firme impresión que Europa occidental está empeñada en enajenar el poder religioso. Los recientes acontecimientos en Francia, con los atentados de musulmanes radicales, no provocan el renacer religioso en las sociedades europeas amenazadas. Se reafirman los valores republicanos, pese a que el yihadismo invita precisamente al enfrentamiento entre fieles e infieles.

La propia Iglesia Católica acepta el papel sin importancia que la sociedades democráticas han dictado, a partir de sus constituciones o leyes especiales, como la francesa de 1905. A decir verdad, la Iglesia Católica es una marca educativa y sanitaria; el estado del bienestar ha recogido el legado de una milenaria institución para conformar unos servicios que son imprescindibles en países como España. El gasto en educación se cifró en 46,789 millones de euros, en 2012; en el mismo año, la inversión en sanidad pública ascendió a 64.918,2 millones de euros. Los inmigrantes que llegan a Europa quieren los beneficios del estado del bienestar; unos 310,000 llegaron a nuestro contienente, según la ONU.

En España hay 5.347 colegios católicos; 107 hospitales de la misma titularidad. Lo cierto, es que ya nos encontremos con centros educativos laicos o clínicas privadas con accionarado seglar, los valores que impregnan el estado del bienestar están ligados al cristianismo y al humanismo de idéntico sentido. El médico y el profesor son los postreras profesionales humanistas o pseudohumanistas, porque la moral dominante es el enriquecimiento; razón por la que ni el médico o el profesor gozan de un respeto general entre las clases sociales que, sin embargo, son beneficiarias del estado del bienestar.

Dada, pues, la importancia del estado del bienestar entre las sociedades avanzadas europeas, éstas descuidan el relevo generacional, otra paradoja del Estado amoral, que preserva las legislaciones abortistas o promueve una cultura popular poco comprometida con la familia. “El indicador coyuntural de fecundidad, que era de 2,80 en 1976, se ha situado en 2013 en tan solo 1,27”. Seguir la noticia.

Tenemos a la vista unas Elecciones Generales en España; ningún partido con aspiraciones reales de gobernar cuestiona el estado del bienestar. No nos olvidamos de las pensiones, sobre las que pesa una desconfianza creciente. Singapur es una ciudad estado que es un exito de la globalización capitalista, y que carece del estado del bienestar occidental. Mientras Europa siga siendo un protectorado, el tiempo permanecerá congelado. Las opciones políticas en Europa tienen un fondo de inutilidad que, sin embargo, no comprometen, por el momento, al estado del bienestar.

El Ayuntamiento de Madrid da la bienvenida a los refugiados que llegan a la capital del reino; España necesitará recurrir a los mercados como de costumbre ( sobre 200.000 millones de €); los servicios sociales serán defendidos por la marea blanca u otros movimientos en liza. Con todo, no hay una discusión global sobre los problemas; las campañas electorales saben distribuir los asuntos y el tiempo, con marcado sentido corto placista.

El moro Musa puede entonar una canción o susurrar unas palabras en su lengua materna; el estado del bienestar es la hipoteca de los políticos, que no quieren desarrollar una mala conciencia ante los altos funcinarios del Estado. Hay una factura económica, otra social y personal.

 

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