Cerca de acabar el año, la simpatía por el diablo se extiende para comprender que el mundo sigue siendo un lugar inseguro. Cada año nuevo es peor que el anterior y los indicios no apuntan a la superación de las dificultades. Sin embargo, no tenemos la confianza suficiente para apostar por líderes políticos que sean capaces de afrontar los problemas con firmeza. El regreso de D. Trump no supone el renacimiento verdadero de los Estados Unidos de Norteamérica. La simpatía por el diablo ronda la Casa Blanca.

La Guerra en Gaza ha supuesto la oportunidad para que Trump imponga su visión del alto el fuego. Las partes implicadas, Israel y Hamas han aceptado el plan de Estados Unidos. La simpatía por el diablo se extendió por Oriente Medio pese al enmascaramiento político y religioso. El mal encontró la oportunidad de vencer de nuevo.

Europa consume la misma irrealidad que proyecta la Guerra de Ucrania. Conflicto que se enquista en el este de Europa para que el mal triunfe bajo la divisa de la simpatía por el diablo. El presidente D. Trump no dispone del escenario de Oriente Medio en esta ocasión. Un plan que sea aceptado por los contendientes llegará más tarde.

La religión, un poder del Estado, no nos protege del mal, pese a que muchas personas tienen el convencimiento contrario. El nuevo Papa León XIV aún no ha marcado una orientación determinada, pero su magisterio ha mostrado signos de realismo, lo que es positivo para el orbe cristiano y profano. Recordemos que los poderes del Estado son la religión, la guerra y el comercio. La simpatía por el diablo se extiende por cualquiera de ellos.

El comercio ha conseguido una extensión extraordinaria tras el fin de la Guerra Fría. Como poder del Estado, el comercio aspira a una dominación como nunca se había conocido. La sociedad occidental está sujeta a los dictados del comercio, ya sin la presión de la guerra o de la religión. El poder del comercio es tan rotundo que la simpatía por el diablo se ha extendido por todas las actividades humanas. Ni la guerra o la religión son hoy un contrapoder reconocible. Hay guerras y actividad religiosa pero el comercio no se frena.

Hay un equilibrio reconocible entre los tres poderes en un Estado poderoso y pujante como Estados Unidos, aún hoy. Europa no conoce tal pujanza, por lo que la Guerra en Ucrania no influye decisivamente en Europa. El comercio dirige el progreso en Occidente. El resto del mundo no escapa a esta extraordinaria influencia del comercio, que afecta a los bienes materiales como al espíritu.

El mal encuentra acomodo en cualquier actividad humana para congoja general. Pretendemos contrarrestar esta situación, pero pagando un precio demasiado alto en forma de desavenencias humanas. No hay salvación en el comercio, la guerra o la religión. Es fácil apostar por cualquier movimiento religioso, líder político o cultural. Es nuestro destino adoptar una máscara.