Mañana 31 de enero de 2020, GB dice adiós a la UE. Finalmente, el Parlamento Europeo aprueba la salida británica del gran club europeo. 621 votos a favor; 49 en contra y 13 abstenciones. Se consuma uno de los vectores de la Primavera Europea; mientras, en España continua la rebelión catalana, el otro vector de la citada primavera. La simetría en política es una vieja aspiración de los gobernantes y España es otro candidato para salir de la UE. Apostamos por ello, aunque hoy parezca impensable. Si suena el Big Ben el 31 de enero, a las 12 de la noche, otra cuenta atrás empieza para España.

GB dice adiós a la UE. Nuestro estribillo es la canción de Supertramp Goodbye Strange-Goodbye stranger it’s been nice.

La gran crisis económica con raíz financiera de 2007 rebeló la sintonía casi completa de España con Estados Unidos. Hecho que nunca ha sido lo suficientemente ponderado en España. Nuestras élites no miran a Europa. Que nadie se extrañe o se rasgue las vestiduras. No lo han hecho las autoridades políticas ni económicas en España.

En Estados Unidos, en 2017: “Hace diez años que estalló la crisis de las hipotecas subprime o hipotecas basura conocidas así porque se concedieron a personas de escasa solvencia a altos tipos de interés. El colapso de los mercados fue tan drástico que obligó a la Reserva Federal (Fed) —y al Banco Central Europeo, (BCE)— a inyectar cientos de miles de millones y a bajar los tipos de interés”.

“El derrumbe del mercado de crédito estuvo marcado por la desaparición del banco de inversión Bear Stearns, los fondos de BNP Paribas, los bancos hipotecarios de EE UU y los problemas de la mayor aseguradora del mundo, AIG, que acabó sucumbiendo más adelante”.

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La crisis provocó la caída de Lehman Brothers Holdings Inc. que fue una compañía global de servicios financieros de Estados Unidos fundada en 1850.

La crisis inmobiliaria española de 2008-2013 provocó la crisis económica y social que todavía tiene consecuencias en España. El informe sobre la crisis financiera y bancaria en España, del Banco de España nos detalla los datos: “El crecimiento de la financiación al sector privado se concentró especialmente en el sector inmobiliario, que en dicho período registró tasas de crecimiento medio anual del 20% en el crédito para adquisición de vivienda y del 29% en el caso del crédito a las empresas de construcción y servicios Inmobiliarios”.

¿Nos extraña que la justicia española esté encontrando
tantas dificultades en Europa, a cuento de los políticos catalanes fugados y
refugiados en Bélgica? El gobierno español no se pronuncia con rotundidad en
las instituciones europeas. Ni con el Partido Popular ni con la coalición
actual en el gobierno.

GB dice adiós a la UE. Nuestro estribillo es la canción de Supertramp Goodbye Strange- Like a king without a castle-Like a queen without a throne-I’m an early morning lover-And I must be moving on

No sabemos cuál será la reacción de la Unión Europea a la salida de Gran Bretaña. Es posible que se aceleren los acontecimientos y la crisis política en España, por la rebelión catalana, conozca una fase nueva en Europa. En todo caso no somos optimistas, porque las élites españolas presentan un perfil bajo, con una crisis política permanente en España.

Gran Bretaña refuerza su pertenencia al Bloque anglosajón; España, aunque no le guste, no reafirma su pertenencia al Bloque hispánico. Buen ejemplo es el caso del ministro de transporte español Ábalos con la nº 2 del régimen venezolano, en el aeropuerto madrileño Adolfo Suárez, la semana pasada.

El social-comunismo hispano, en Cuba y Venezuela, con ramificaciones en todo el continente hispanoamericano, divide oportunamente al bloque hispano. La democracia liberal, de influencia anglosajona tampoco es un régimen político propio. El actual gobierno español, con miembros de Unidas-Podemos tiene vínculos fuertes con Cuba y Venezuela. Más razones para la lenta y inexorable salida de España de la UE. Pero defendemos la democracia liberal, porque no tenemos más remedio, no por un convencimiento real y profundo.

Esta es la razón del desconcierto español que dura 200 años. Gran Bretaña explora una nueva etapa, a la espera del desconcierto europeo.

 

 

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