Las cosas claras

Oct 9, 2018 by

Las cosas claras

El futuro promete ser siempre mejor que todo lo precedente. Las cosas claras: el futuro se construye con los restos del pasado. Precisamente, Europa no tiene más herencia que el Nazismo o el Comunismo. Conatos difusos en los partidos de extrema derecha que aparecen.

Precisamente, la UE permite a Alemania la conquista de instituciones europeas; por supuesto, hay alguna continuidad del pasado nazi con la nueva estructura europea. Gran Bretaña no quiere ser socia de Alemania, ni compartir las consecuencias de la primavera árabe, la inmigración: hace siglos, los esclavos negros iban encadenados; ahora las cadenas son invisibles.

La democracia liberal es consecuencia de la dominación de Estados Unidos. Igualmente, una sociedad multirracial europea sería una imitación del país norteamericano. Europa occidental cuenta ya con bastantes inmigrantes y observa la llegada de nuevos procedentes de África, Oriente Medio o Hispanoamérica.

La dominación del comercio es un hecho en Europa occidental. Ni cultura militar o símbolos afines se observan en nuestras sociedades. Las cosas claras: la religión resiste en el ámbito privado y familiar. El comercio es tan absorbente…que no deja, apenas, resquicios para la libertad individual.

El Nihilismo domina la cultura occidental. Ni los filósofos hablan de ello, como los políticos o figuras religiosas. Las cosas claras: el poder se sirve de la máscara de la impostura.

En España, en el actual conflicto por los restos del General Franco, la Iglesia mantiene una actitud discreta. Ya hemos advertido que los restos de F. Franco son un símbolo que los republicanos actuales quieren destruir en pos de la conspiración en marcha. La presencia del fenómeno okupa como los narcos pisos responden a la estrategia republicana, en aquellos municipios gobernados por Podemos o afines. Ejemplo: Madrid y Barcelona.

La corrupción es un signo distintivo del régimen de 1975 en España. Esto nos podría explicar el extraño comportamiento del Estado español frente la insurrección catalana. Las cosas claras: los partidos políticos mayoritarios como la casta nacionalista catalana han abrazado la corrupción, contra viento y marea. El problema es la Constitución de 1978.

Se vota para ganar o evitar que gane un partido o coalición electoral. Las elecciones son un concurso y la gente aspira a ganar con el partido mejor colocado. La ideología es secundaria y queda, en muchos casos, reservada para el voto testimonial.

El clientelismo está firmemente arraigado en el régimen político actual. Son los verdaderos ganadores de unas elecciones, ya sean generales, autonómicas o municipales. Es un fraude consentido y justificaría la abstención.

Los medios de comunicación están al servicio de los partidos políticos. Se puede prescindir del periodismo oficial, sin apenas excepciones. La propaganda es constante y no repara en los derechos civiles, ni en las buenas maneras de los periodistas.

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