La basílica de Santa Sofía, de nuevo, mezquita por decisión del gobierno turco (10-07-2020); en 1453, los otomanos conquistaron Constantinopla y la basílica se transformó en una mezquita. Las reacciones se han producido en la Europa cristiana ortodoxa. Recordemos que el Papa Benedicto XVI aspiraba a un acercamiento con el cristianismo ortodoxo; una causa posible de la renuncia de Benedicto XVI pudiera estar en sus planes con el cristianismo ortodoxo, algo que no compartía la élite angloamericana. Turquía es miembro de la NATO; en la crisis de los misiles en Cuba en 1962, Estados Unidos tuvo que retirar los misiles tácticos emplazados en Turquía, como contrapartida a la retirada rusa de Cuba.

El Papa Católico Francisco puede lamentar que sea Santa Sofía, de nuevo, mezquita. La basílica debería conservar el status de museo, que fue decretado por Mustafá Kemal Ataturk en 1934. No esperamos del mandatario católico una reacción semejante a la de El Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé; menos aún ratificar las declaraciones del Arcipreste Nikolai Balashov, jefe adjunto de relaciones exteriores de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Seguir la noticia.

El mundo actual, sometido a los designios de la globalización, no comprende que las tensiones religiosas puedan conducir a un conflicto militar, salvo el islam, siempre irredento. Turquía tiene una importancia geoestratégica indiscutible para la élite angloamericana. Incluso, la presencia de Turquía en el norte de Siria, tras la operación Manantial de la Paz, en octubre de 2019, lo prueba pese a la advertencia del presidente Trump de imponer sanciones a Turquía, por esta acción en Siria, tras la retirada de las tropas norteamericanas de la región. En marzo de 2020, Turquía y Rusia sellaron un alto en fuego en dicho enclave, al margen de las potencias europeas.

Oriente Medio se transforma. Turquía es una potencia apreciable que cierra el Mar Mediterráneo y tiene ambiciones expansionistas, como cualquier potencia de la región; sólo Israel parece dispone de esta prerrogativa. La red Voltaire informó del giro estratégico dado por Irán, a partir del asesinato del general iraní Qassem Suleimani, en Irak, a comienzos de este año. Europa reconoce que los cambios en Oriente Medio repercuten en el continente europeo; el terrorismo yihadista lo demuestra. Sólo Estados Unidos y Rusia tienen poder en la región, sin que estén el mismo plano de la Guerra Fría.

Ni el islam sunita o el islam chiita son realidades indiscutibles para la Unión Europea. Al carecer esta organización política supranacional de poder militar, en manos de la NATO, Europa occidental no puede lamentar que sea la basílica Santa Sofía, de nuevo, mezquita. ¿Cómo trata España el rearme marroquí?

Oriente Medio es una amenaza para Europa, en tanto no es un actor en juego. La actividad de Estados Unidos es propia de una gran potencia, que no cuenta con los aliados europeos; tampoco Rusia. ¿La unidad del cristianismo católico y el ortodoxo podría cambiar las reglas de juego en Europa y repercutir en Oriente Medio? Pero es un proyecto aparcado o inexistente.

Los países de Europa occidental disfrutan de un alto nivel de vida; sin aparentes preocupaciones con el poder militar o religioso. Algo muy beneficioso para la élite angloamericana, de la que forma parte el presidente Trump. La división en el orbe cristiano es la mejor realidad para la pax americana. Si todavía estamos con el impacto de la pandemia, la decisión de Turquía tiene un aroma otomano indiscutible. Que, por lo tanto, Santa Sofía, de nuevo, mezquita es una mala noticia para todos los cristianos. ¿Por qué no plantearse un distanciamiento todavía mayor de las estructuras políticas occidentales?

 

 

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