Con demasiada facilidad se conjetura sobre una III Guerra Mundial; han de darse unas circunstancias todas conducentes a una gran conflagación. Los medios de comunicación, principalmente televisiones, introducen alusiones directas a una III Guerra Mundial, conscientes del miedo que eso genera entre los televidentes, que carecen de recursos para rebatir opiniones tan tremendas.

Rusia conoce las experiencias de II Guerras Mundiales; la I Guerra Mundial, la gran guerra, fue una enorme convulsión para Occidente, con el estallido de la revolución rusa y el hundimiento de Alemania, lo que supondría la caída de Europa del pedestal del poder, como lo había conocido a lo largo de los siglos anteriores.

El siglo XX trajo enormes cambios sociales, políticos y científicos como tecnológicos. La II Guerra Mundial se libró en varios frentes; Estados Unidos enfrentó la amenaza japonesa, en la zona Asia-Pacífico. Estados Unidos desarrolló una nueva arma, antes completamente desconocida. El arma atómica hizo su aparición y cambió para siempre el conservadurismo de los Estados, siempre dispuestos a recurrir a la guerra, como solución política.

La Guerra Fría fue la demostración de la nueva regla para los Estados dominantes. Estados Unidos y la Unión Soviética compitieron en varios frentes, como el político, el cultural o el deportivo. Nunca hubo un enfrentamiento militar entre Estados Unidos y la Unión Soviética; la crisis de los misiles, a comienzos de los años sesenta, representó la más alta tensión que pudo desencadenar la III Guerra Mundial. La paz se preservó, pero los conflictos regionales siguieron para dar sustancia política a la Guerra Fría. Por ejemplo, la Guerra de Vietnam o la Guerra de Afganistán, ya en los ochenta, con el protagonismo de la Unión Soviética.

En la actualidad Rusia ha invadido Ucrania; no ha declarado el Kremlin lo que persigue con esta acción militar, que recuerda sobre todo los conflictos de la Guerra Fría. Estamos ante una guerra regional, que cuenta con una potencia militar como Rusia y un país débil, como Ucrania, que, sin embargo, recibe armamento de parte de Occidente, especialmente Estados Unidos. Una III Guerra Mundial está lejos de convertirse en una realidad.

Es cierto que el presidente de Rusia, Vladimir Putin no es un político creado con los buenos oficios del marketing político. Vladimir Putin es un político autoritario, que concibe una guerra desde los patrones clásicos. En Europa conocemos demasiados presidentes que han alcanzado el poder, gracias a buenas campañas electorales. En Francia, en España; incluso en Ucrania, con el presidente Volodímir Zelenski.

Falta responsabilidad en los medios de comunicación occidentales que conjeturan con la posibilidad de una III Guerra Mundial, con frivolidad y el recurso de las opiniones de varios expertos en la materia, que son más prudentes.

Se nota sobre manera que Europa disfruta de una larga paz, desde el termino de la II Guerra Mundial. La propia organización del Atlántico Norte, la NATO, ha contribuido a mantener la paz en Europa. Solo rota por las acciones terroristas de varias organizaciones, como el IRA o ETA. El conflicto político propio de la Guerra Fría o conflictos locales han estado presentes en Europa, en la segunda mitad del siglo XX.

Las democracias occidentales han perdido el miedo al poder del pueblo; el trabajo de los medios de comunicación, a lo largo de décadas, han conseguido manjar los conflictos sociales con el instrumento de la opinión pública. ¿Sin embargo, el terrorismo no fue contrarrestado con la fuerza de los medios de comunicación? Se necesita una investigación profunda para aclarar aspectos de nuestra historia no resueltos.

Una III Guerra Mundial necesita mucho más que un conflicto local que se desarrolla en el este de Europa, entre Rusia y Ucrania. Como la diplomacia no ha desparecido, el citado conflicto no tiene por qué desbordarse, sin más.

 

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