El inesperado asalto a Capitol Hill, que ha desarmado a la democracia norteamericana, ha supuesto que Míster Trump haya comprendido mejor el Principio de Aceptación. Mientras los rivales políticos, demócratas y republicanos, aseguren que el presidente es el último responsable de la reacción popular que allanó el solio de la democracia.

La democracia liberal es el sistema político de Estados Unidos, desde su fundación en el siglo XVIII. Europa ha conocido, desde ese siglo, la dialéctica entre los progresos de la democracia y las múltiples resistencias de la aristocracia, el cristianismo católico y ortodoxo y parte del pensamiento político y filosófico. Todo cambia a partir de las consecuencias del gran conflicto conocido como la II Guerra Mundial. Se impone la Pax americana en Europa occidental; ahora se ha extendido por toda Europa, tras la caída de la Unión Soviética.

El Principio de Aceptación recoge la máxima democrática: el poder es expresión de las elecciones generales, que son manifestación de la soberanía popular. El Principio de Aceptación es inherente a los partidos políticos, los principales actores en una democracia liberal. Los mercados también caen bajo la directa influencia del Principio de Aceptación. No obstante, los mercados gozan de una amplia autonomía, salvo las normas reguladoras que todo sector económico conoce y cumple.

Precisamente y tras la II Guerra Mundial, hemos conocido el auge de los partidos políticos. La democracia liberal proyecta el Principio de Aceptación, festejando la fiesta democrática de las elecciones y oculta la naturaleza del poder. Como nos enseña la inteligencia comunista, la dialéctica de estados está en la raíz de las decisiones que toman los gobiernos, que necesitan independencia y márgenes visibles. Los partidos políticos y, más aún, los líderes políticos deben integrar las realidades del poder con las demandas del Principio de Aceptación, elección tras elección. Violentar alguna ley o regla establecida, alguna institución sagrada como Capitol Hill, puede favorecer las opciones de un político o partido ante la soberanía popular.

Míster Trump ya no tiene tiempo para comprobarlo; hay incluso un incipiente proceso de recusación, sin tiempo para verificarlo. Sin embargo, no creemos que Míster Trump abandone la actividad política por completo; el magnate puede proyectar la candidatura de su hija, Ivanka Trump, para la presidencia de Estados Unidos. Un segundo mandato que acariciaba Míster Trump no será posible y el asalto a Capitol Hill muestra una realidad ambivalente: lo que no puede recoger Míster Trump, podría recogerlo Ivanka Trump en un futuro. La saga Trump debe cuidar con extrema atención el Principio de Aceptación, que aúna el idealismo democrático como la realidad del poder, con manifestaciones de fuerza y de violencia. En el asalto a Capitol Hill intervinieron grupos como Proud Boys, Oath Keepers, People´s Rigths y QAnon, entre otros. Seguir la noticia.

No tenemos elementos para asegurar que los asaltantes de Capitol Hill conformaron una coalición de poder resistente. El acontecimiento es desgarrador y los actores populares estarán sometidos a fuertes presiones. El aparato judicial es el principal valedor del régimen democrático liberal; cosa distinta es que un jurado pudiera demostrar el nexo entre la arenga que pronunció Míster Trump, cerca de la Casa Blanca, y la reacción del gentío, con posterioridad.

Con razón, las grandes empresas tecnológicas norteamericanas vetan a Míster Trump. Una necesidad real para el magnate de Nueva York y sus seguidores es contar con medios de comunicación que proyecten el punto de vista de Míster Trump.

Si “Primero América” es una exigencia vital para el magnate republicano, la proclamación de la nueva presidencia de J. Biden no cerrará el conflicto en la sociedad norteamericana. El citado slogan ha justificado el plan de gobierno de Míster Trump. Las expectativas son muchas y la opinión pública es un relator de bondades y miserias. Como dijimos en un reciente tweet, el asalto al Capitolio de Estados Unidos se tuvo que producir en las protestas contra la Guerra de Vietnam; era algo pendiente, por lo que se ve.

 

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